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lunes, 15 de mayo de 2017

Acaeció en la calle de la Cruz del Espíritu Santo de Madrid...


En «Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid» (1863), de Antonio Capmany y Montpalau (1742-1813), nos comenta el curioso origen de la denominación de esta calle de la capital de España, y uno de los acontecimientos más importantes que tuvieron lugar en ella, el intento de asesinato del rey Felipe IV (1605-1665), suceso que conmocionó a la sociedad madrileña de la época, y que es narrado en esta obra de Campany, cuando habla de la calle de la Cruz del Espíritu Santo. Tras la ejecución en la Plaza Mayor de quienes habían intentado matar al monarca, como era habitual, fue la Cofradía de la Paz y Caridad la que se encargó de darles sepultura eclesiástica, según su piadoso instituto fundacional.

La Calle de la Sta. Cruz del Espíritu Santo, paralela a la de S. Vicente alta
(Plano de la Villa y Corte de Madrid, 1800)

Tambien fueron estos terrenos de la pertenencia del abad de Santo Domingo de Silos y del prior de San Martin, en cuyo paraje habia en tiempos de Felipe III ciertas casas habitadas por gentes de mal vivir, en cuyo sitio cayó una exhalacion el tercer dia de Pascua del Espíritu Santo y redujo á cenizas tres ó cuatro tiendecillas que tenian unos moros que allí vivían, y en memoria de este acontecimiento se levantó en este punto, donde ocurrió aquel incidente terrible, una cruz de piedra con una paloma en medio, recordando fué en el dia dedicado al Espíritu Santo; por eso la cruz se denominaba así, de donde tambien tomó origen la calle.

martes, 1 de noviembre de 2016

La Archicofradía de Caridad y Paz de Madrid


Con el fin de dar culto a María Santísima en su advocación de Nuestra Señora de la Caridad del Campo del Rey y con la obligación de “emplearse en dar sepultura a los ajusticiados, y a los pobres muertos que se encontraren por los caminos de esta corte” (1), los reyes D. Juan II y su esposa Dª María de Aragón, fundaron la Real Archicofradía en el año de mil cuatrocientos veintiuno y la dejaron establecida en la Iglesia de la Purísima Concepción de María Santísima que ellos mismos habían fundado, próxima a su palacio en los terrenos llamados del Campo del Rey, “dentro de los muros, junto a las Caballerizas del Rey casi en el lugar donde al presente está una fuente” (2). Esta iglesia habría de ser la primera de ese título dedicada a la Purísima Concepción. El abad de Nuestra señora de Atocha, D. Garci Álvarez de Toledo que al tiempo es obispo de Astorga, funda en el mismo sitio y agrega a la iglesia un hospital para mujeres y deja a la archicofradía encargada del hospital cumpliendo con su mandato hasta el año de 1587. El hospital pasaría posteriormente al Hospital General con fecha 3 de Julio de 1767. 


Grabado de la antigua Parroquia de la Santa Cruz de Madrid


Poco después, el rey solicitó para su servicio tanto la Iglesia como el hospital y el terreno que ocupaban, diciendo que serían muy bien recibidos en cualquier sitio para seguir ejerciendo su ocupación caritativa. La cofradía entregó al Hospital General todas las rentas, bienes, efectos y muebles dejando libres “para la utilización por el rey tanto la iglesia como el edificio del hospital que durante 166 años había estado a su cargo” (3).


martes, 30 de junio de 2015

Sobre las Constituciones de la Archicofradía de la Caridad y Paz de Madrid y los condenados a muerte


El miembro de la Real Academia de Medicina y senador vitalicio, D. Ángel Pulido Fernández (1) en su obra «La pena de capital en España», publicada en Madrid en 1897, tratando el tema de las bárbaros procedimientos en relación a la ejecución de la pena capital, habla sobre las disposiciones que había presentes en las «Constituciones de la Real y Primitiva Archicofradía de Nuestra Señora de la Caridad y Paz» de Madrid, y en dónde se daban diferentes instrucciones según fuera el caso de la pena capital aplicada al reo, ya fuera agarrotado, ahorcado, descuartizado, con reparto de miembros y exposición en parajes públicos, arcabuceado, etc. Además, en dichas constituciones se tratan también otros aspectos llamativos, como la indumentaria que debía llevar el reo según fuera la forma de ajusticiamiento o el delito cometido.

"Ajusticiado"
 Leonardo Alenza y Nieto (1807-1845)

D. Ángel Pulido Fernández cuenta como fue la bárbara ejecución de James Scott (1649-1685), I duque de Monmouth e hijo natural del rey Carlos II de Inglaterra (*), haciéndose eco de la descripción que hizo George Otto Trevelyan (1838- 1928) en una de sus obras: "[...] y el duque de Monmouth, cuya ejecución por luchas políticas verificadas, describe Macaulay en el libro V de su Historia de la Revolución inglesa, y que habiendo entregado seis guineas al verdugo Juan Ketch para que le matase bien y no le diera tres ó cuatro hachazos como hizo con lord Russell, luego recibe una serie de ellos en la cabeza, y mientras se agita sin morir ve que el verdugo arroja el instrumento al suelo, diciendo: ¡No puedo, me falta el valor!, que, por fin coge de nuevo el hacha, dale dos golpes más, y todavía hubo de acabar de amputarle la cabeza a tajos de cuchillo; ambas ilustres figuras, repito, y otras de su índole igualmente atormentadas en el acto del suplicio, denuncian cuán bárbaros y feroces han sido los procedimientos de la humana justicia, y cuán generosas y razonables han podido estimarse las propagandas y disposiciones que han tratado de borrar para siempre de los Códigos la pena de muerte.

viernes, 1 de noviembre de 2013

La imagen de Ntra. Sra. de la Caridad de Madrid, obra de Juan Pascual de Mena (1707-1784)


La producción escultórica que Juan Pascual de Mena hizo para la iglesia madrileña de Santa Cruz, por desgracia, desapareció en los trágicos acontecimientos acaecidos en el año 1936, destacando, sin duda alguna, la imagen de Nuestra Señora de la Caridad, hecha en madera policromada y ejecutada en 1767, según consta en las originarias Constituciones de la Real y Primitiva Archicofradía de Nuestra Señora de la Caridad y Paz: "...en el incendio que padeció la Iglesia de Santa Cruz la noche del ocho al nueve de Septiembre de mil setecientos sesenta y tres lo redujo todo a cenizas, maltratando la fábrica de la capilla, de modo que fue preciso reedificarla casi de nuevo, y hacer construir la actual imagen por Don Juan Pascual de Mena […] concluido todo el diez de Agosto de mil setecientos sesenta y siete […]".


De esta obra existe un grabado en la Biblioteca Nacional, a tenor del cual se puede comprobar que presentaba un delicado movimiento y gran elegancia tanto en el rostro como en el cuerpo, en suave contraposto, según señala Lorenzo Pérez de Domingo. En el mencionado grabado aparece el siguiente texto: "Verdadero Retrato de Nuestra Señora de la Caridad de Campo del Rey que se venera en la Iglesia parroquial de Santa Cruz de Madrid. Diferentes Sumos Pontífices han concedido innumerables Indulgencias a todas las personas que visitasen su Capilla en cualesquiera día del año. Y los Eminentísimos Señores Cardenales Portocarrero y de la Cerda, Cien días de Indulgencia cada uno. Juan de Mena la inventó. Dibujada por Mariano Maella. Grabada por Joaquín Ballester. 1768".

domingo, 7 de abril de 2013

"No ha de valerle la paz ni la caridad"


Existen expresiones populares, en un tiempo muy conocidas y usadas, que tenían origen en el mundo cofrade. Una de ellas es "no ha de valerle la paz ni la caridad", la cual está relacionada con una cofradía madrileña de la que trataremos a continuación, y que indica que el aludido no ha de salvarse, que su castigo no tiene remedio. También se empleaba para recordar a alguien que no tiene escapatoria posible ante un riesgo o peligro, o que al final tendría que rendir cuentas de sus actos. 

Ejecución de Joan Oliva i Moncusí en Madrid, en dónde intervinieron
los miembros de la Caridad y la Paz para asistir al reo.
(Grabado proveniente de Le Monde Illustre, 1879)

Esta locución procede de las funciones que desempeñaba la Real Archicofradía de Nuestra Señora de la Caridad y de Nuestra Señora de la Paz que tenía su sede desde 1590 en la antigua Iglesia Parroquial de la Santa Cruz de Madrid, y que era producto de la unión de dos cofradías dedicadas a Santa María, una bajo la advocación de la Caridad y la otra de la Paz.

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