En un artículo publicado en el diario monárquico "La Época" de Madrid, a fecha de 23 julio de 1875, se señala que Isabel de Borbón, princesa de Asturias, donó 2000 reales para la reconstrucción de la Capilla de Nuestra Señora de la Balesquida de Oviedo (1), además de otras importantes donaciones a instituciones benéficas e iglesias repartidas por la geografía española, hasta llegar a la cantidad total de 63674 reales.
Por la placa colocada en el exterior de la misma, quedó constancia de que la mencionada reconstrucción fue finalizada en el año 1876, siendo Mayordomo Pedro Fernández, como podemos leer seguidamente: "D. O. M. Dª. Balesquida Giráldez fundó en 1270 esta Capilla, Cofradía y Hospital de su nombre. Una suscripción de Hermanos y Devotos y el celo de su Mayordomo Pedro Fernández del Campo reedificaron este Templo" (2). Hay que señalar también que meses antes de la publicación de la noticia que leeremos a continuación, el 24 de marzo de 1875, la Cofradía Antigua de Nuestra Señora de la Balesquida (3), concedió el Título de Cofrade al rey Alfonso XII, hermano de Isabel de Borbón.
| Capilla de Nuestra Señora de la Balesquida (Archivo: DMLFOTOS) |
Por la placa colocada en el exterior de la misma, quedó constancia de que la mencionada reconstrucción fue finalizada en el año 1876, siendo Mayordomo Pedro Fernández, como podemos leer seguidamente: "D. O. M. Dª. Balesquida Giráldez fundó en 1270 esta Capilla, Cofradía y Hospital de su nombre. Una suscripción de Hermanos y Devotos y el celo de su Mayordomo Pedro Fernández del Campo reedificaron este Templo" (2). Hay que señalar también que meses antes de la publicación de la noticia que leeremos a continuación, el 24 de marzo de 1875, la Cofradía Antigua de Nuestra Señora de la Balesquida (3), concedió el Título de Cofrade al rey Alfonso XII, hermano de Isabel de Borbón.
"Como dice con razón nuestro apreciable colega El Tiempo, es la verdadera caridad silenciosa y enemiga de la ostentación, difundiendo su benéfico influjo a semejanza del rocío del alba, que de callada, y como huyendo de la luz primera, vivífica los agostados campos, desarrollando en ellos los gérmenes de vida, esperanza de sazonados frutos y abundante cosecha.


